martes, 20 de octubre de 2009



SHIN-GI-TAI
心技体


Un concepto importante de las artes marciales tradicionales japonesas en general y de la escuela Shintaikan en particular es el concepto Shin-Gi-Tai (心技体), el espíritu (shin/ 心), la técnica (Gi/技) y el cuerpo (Tai/体). La unificación de estos tres elementos esenciales ayuda a mejorar tanto los resultados de la práctica de las artes marciales tradicionales como el carácter del practicante. En una entrevista al maestro Kai Kuniyuki que se publicó en el nº 206 de la revista El Budoka, manifestaba sobre este concepto: “El budô es un método para conocerse a si mismo, para llegar a ser una persona recta, ideal para los otros. Cuando se practica Budô se debe estudiar el espíritu de las artes marciales que se resume con Shin-Gi-Tai”.

Con el ideograma Shin (心) los japoneses se refieren al espíritu, a la mente, que se relaciona con la madurez de la persona. El objetivo de la práctica del Budô es conseguir un espíritu noble y correcto. El primer fruto que nos proporciona una correcta práctica es la obtención de una base moral, que nos facilitará la posibilidad de encarar diferentes dificultades con un autocontrol y un equilibrio mental y espiritual. El objetivo es que obtengamos las herramientas necesarias para poder autocontrolarnos y para poder controlar al adversario. Obtener un espíritu fuerte y resolutivo, un carácter perseverante; alcanzar la posibilidad de tener una decisión rápida y correcta ante las situaciones en las cuales nos encontramos, sin olvidar que la facultad de la prudencia y la paciencia deben ser un objetivo en el practicante del budô. El Gi (技 ), que también se puede pronunciar como waza, representa la técnica y la habilidad. Es la parte de las artes marciales que nos proporciona la capacidad para ser efectivos, la capacidad de mejorar la parte técnica, la defensa personal para aquellas disciplinas que tengan este tipo de vertiente. Tai (体), que significa cuerpo, representa la eficacia del cuerpo en el movimiento, la energía que se emplea en la acción. En las artes marciales tradicionales japonesas son numerosos los diferentes movimientos del cuerpo, distintas partes del cuerpo son empleadas en diferentes tipos de movimientos. Tanto los ejercicios preparatorios como la práctica de las técnicas en si han de proporcionar un cuerpo ágil y flexible, los músculos y los huesos más fuertes y el refuerzo de los órganos internos.

Solo con un equilibrio total de estos tres elementos se puede conseguir que la práctica de las artes marciales sea positiva, efectiva, ideal. La correcta evolución en las artes marciales tradicionales japonesas es aquella que comporta la comunión de las evoluciones física, psíquica, espiritual, moral y unos amplios conocimientos técnicos. Que fluya en el practicante de Budô la capacidad de dominar al oponente por tener una actitud correcta del cuerpo y del espíritu a través de la técnica justa para aquel instante y aquella acción. Es de gran interés que los practicantes obtengan una mente libre, despierta, efectiva, rápida. Un espíritu valiente, intrépido, humano, lleno de virtudes morales, condescendiente con los otros y rígido con uno mismo. Que obtengan las herramientas necesarias para trabajar, tanto física como psíquicamente en el camino de la superación personal. Sin olvidar el aspecto físico, un espíritu positivo, y una mente abierta y despierta, un intelecto cultivado en un cuerpo mermado no da un resultado óptimo. El cuerpo tiene que estar preparado hacia el equilibrio físico.

Lo que cuenta en la práctica de las artes marciales tradicionales japonesas es el equilibrio físico, mental, espiritual y técnico, aspecto totalmente extrapolable a la vida cotidiana. El equilibrio es siempre un concepto positivo, como se podrá ver en otros textos de esta sección.

Pau-Ramon
Shintaikan Dôjô.
Tel. 696085959.




Artículo publicado en la revista El Budoka. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización por escrito del autor. Todos los derechos reservados.

jueves, 8 de octubre de 2009

Hanbô jutsu


Hanbojutsu Kukishin ryû





El maesro Kai Kuniyuki realizando un atemi con el Hanbo





Los guerreros japoneses, como cualquier guerrero, en el combate real dependían de sus conocimientos, valentía e ingenio. Los conocimientos les proporcionaban todos los elementos necesarios para luchar, tanto en el aspecto de las técnicas como de la estrategia. La valentía les posibilitaba que el terror o el miedo no se apoderasen de su mente y les provocase la pérdida del control necesario para utilizar todo su potencial bélico. El ingenio les ofrecía la posibilidad de desenvolverse ante incidentes totalmente inesperados. Este ingenio servía para convertir en arma cualquier utensilio que estuviese a su alcance. O incluso con un arma rota hallar con gran rapidez la forma de reconvertir en un artefacto bélico la porción a su alcance.
Los orígenes del Hanbô -según algunas fuentes- no se apartan de estas tesis. No obstante, la escuela Kukishin ryû precisa que el inventor del Hanbô fue Kuriyama Ukon, en el periodo histórico Azuchi Momoyama (1573-1602). Este guerrero, que se batía al lado del general Oda Nobunaga, en la batalla de Nagashimo (1575) iba armado con una lanza corta (Tansô) cuando, luchando contra un general enemigo, Suzuki Tango no Kami Katsuhisa, dicha lanza fue cortada por aquel temible adversario.


Bloqueo de un ataque con arma blanca
(realiza la técnica el maetro Kai, ayudado por Francisco Morillo)

Kuriyama Ukon acabó venciendo a su enemigo continuando el combate con un bastón de una longitud que oscilaba entre los 90 y los 100 centímetros.
A partir de esta experiencia, la escuela Kukishin ryû incluyó el Hanbôjutsu entre sus disciplinas a partir del periodo Edo (1603-1868), ya que el referido Kuriyama Ukon fue el noveno Shihan-Ke de esta escuela. Siguiendo las diferentes líneas de la escuela Kukishin ryû, podemos encontrarla relacionada con el maestro Ueno Takashi, el cual transmitió sus conocimientos al maestro Kaminaga Shigemi y este ha reconocido al maestro Kai Kuniyuki como shihan de esta rama de la escuela Kukishin ryû y principalmente sus conocimientos están relacionados con el Hanbôjutsu y el Bôjutsu.
En un principio las técnicas de Hanbôjutsu, determinadas por este guerrero, se concretaban en golpes, pero posteriormente se complementó con técnicas de Taijutsu, con lo que se agregaron técnicas de luxación, estrangulación, etc.
Las dimensiones del Hanbô varían, pero puede definirse que su longitud oscila entre los 90 y 105 centímetros. En todo caso puede considerarse que la traducción literal de Hanbô significa "medio palo", por tanto según las dimensiones iniciales del supuesto palo o bô, al dividirlo ofrecerá una u otra longitud.



Control en el suelo

Con el Hanbô entramos en un grupo de armas que están más ligadas a las técnicas del Jujutsu o del Taijutsu; es un arma que complementa técnicas que pueden realizarse sin él, como estrangulaciones o luxaciones.
Pocas son las escuelas que realizan estrangulaciones y luxaciones empleando el Bô y el Jo, son excepciones que confirman la regla, todo lo contrario en el caso del Hanbô, y otras armas, en las cuales abundan estas técnicas, todas ellas relacionadas con el jujutsu y el taijutsu.
Con el Hanbô pueden realizarse golpes directos o estocadas (Tsuki waza), golpes indirectos (Uchi waza), bloqueos (Dome waza), estrangulaciones (Shime waza), luxaciones (Kansetsu waza), presiones, inmovilizaciones (Osae waza), etc. Técnicamente se utiliza el Hanbô con una mano o con las dos, indistintamente, según sean los requerimientos de la técnica practicada o la intencionalidad estratégica.




El maestro Pau-Ramon realizando una técnica con el Hanbô,
con la atenta mirada del maestro Kai Kuniyuki

20 años siguiendo al maestro Kai Kuniyuki...
El maestro Kai Kuniyuki aceptó como alumno al maestro Pau-Ramon en 1985, durante estos años en diferentes ocasiones tanto en Europa como en el Japón el maestro Pau-Ramon ha podido obtener diferentes transmisiones de las técnicas tradicionales que el maestro Kai Kuniyuki ha conseguido aprender durante muchos años de práctica con grandes maestros de las artes marciales tradicionales japonesas. En el año 2003 el maestro Pau-Ramon es reconocido como delegado del maestro Kai en España, y entre sus obligaciones y deberes está la de facilitar la práctica de esas técnicas a aquellas personas que quieran evolucionar en la tradición marcial japonesa y en la efectividad en el arte del combate. Por esto todos aquellos que quieran integrarse en un grupo de trabajo avalado y dirigido por diferentes maestros japoneses, principalmente el maestro Kai, pueden contactar con Shintaikan Budô Kyokai al
Telf. 696 085 959.

Autor: Pau-Ramón Planellas, delegado Nippon Budo In Seibukan. Representante del maestro Kai Kuniyuki.
Publicado: El Budoka, Septiembre 2005
Prohibida su reproducción sin permiso expreso del autor

jueves, 1 de octubre de 2009

MOCHIZUKI MINORU, MAESTRO DE LA VIDA.

El maestro Mochizuki realinzando un
bloqueo contra un ataque con arma blanca1907-2003. Estas cifras para la inmensa mayoría de las personas no indicarán nada en especial. Para un grupo de budoka nos concretarán la vida de un maestro singular. Me refiero al maestro Mochizuki Minoru, que en ciertos círculos ha sido considerado como uno de los maestros más importantes del ámbito de las artes marciales japonesas. El maestro Mochizuki nació en la ciudad de Shizuoka en el año 1907. De muy niño su familia se trasladó a Tokyo, con la casualidad que la nueva casa a donde fueron a vivir era vecina de un dôjô de Judô. Gracias a esta circunstancia sus padres le inscribieron en dicho dôjô, dirigido por el maestro Takebe. Tras este maestro el joven Mochizuki tuvo una lista extraordinaria de maestros de artes marciales. Fue alumno del gran maestro Toku Sanbo de Kendô, del maestro Kyuzo Mifune, décimo dan de Judô y de Kano Jigoro, fundador del Judô Kodokan. También fue alumno del maestro Nakayama Hakudo, de Kendô e Iaido; del maestro Shimizu, de la escuela Shindô Muso ryu. Otro maestro que influyó mucho en el maestro Mochizuki, fue Ueshiba Morihei, fundador del Aikidô, aunque en esa época lo denominaba Daito ryu Aiki jujutsu. Finalmente es interesante citar al maestro Yazaemon Hayashi, de la escuela Katori shintô ryu, del cual fue alumno y los certificados que obtuvo de la escuela Gyo Kushin ryu, especializada en las técnicas de sutemi. Las experiencias del maestro Mochizuki en las artes marciales son elocuentes, pocos han tenido el privilegio de acceder a los conocimientos de estos maestros y escuelas.

El Maestro Mochizuki con el Maestro Pau-Ramon
en el año 1985

Pensando en la vida del maestro Mochizuki no puedo apartar de mi mente la semana santa del año 1985. En este periodo yo era un saco de nervios, tenía la suerte de formar parte de un grupo de practicantes de artes marciales organizado por el maestro Roland Hernaez. Este grupo estaba realizando un viaje al Japón, era mi primer viaje a este país. Después de estar unos días en Tokyo acabábamos de llegar a Shizuoka. Comparada con Tokyo Shizouka me pareció una ciudad muy tranquila y más acogedora, pero el turismo no era el objetivo de nuestra estancia en Shizuoka. Sino que era la visita al Dôjô Yoseikan del maestro Mochizuki, y esta era la razón de mis nervios. Había sentido hablar tanto de este maestro, que la acción de conocerlo me provocaba una cierta inquietud.

Esperaba un maestro lejano, pero encontré un maestro afable, totalmente entregado a enseñarnos algunas de las técnicas que había aprendido de sus maestros. En cada uno de sus gestos se intuía la transmisión técnica de los principales maestros del Budo del siglo XX.

Pero hoy no pienso tanto en las técnicas que nos demostró, aquellos días ni en las siguientes visitas que realicé al dôjô Yoseikan, sino que mi mente recuerda más sus palabras, entre las diferentes que aun retengo hay una frase que tengo siempre muy presente: “ Las artes marciales son una escuela de autocontrol, de respeto y de paciencia”. Aunque las técnicas que se conozcan sean muy efectivas si se carece del autocontrol, de la paciencia y del respeto, no se practica un arte marcial japonés.


Pau-Ramon

Publicado en la revista El Budoka
Prohibida la reprodución