viernes, 8 de mayo de 2009

SHINTAIKAN DÔJÔ


El Dôjô Shintaikan es una escuela de artes marciales tradicionales japonesas, con más de cincuenta años de historia, en la cual tres generaciones de la misma familia han seguido esta tradición. La escuela Shintaikan está dedicada a la práctica y promoción del jûjutsu tradicional, taijitsu, tanbôjutsu, hanbôjutsu, jojutsu, kenjutsu, yubibôjutsu (tenouchi), hojojutsu, jintai kyusho, keibô ( bastón policial rígido), tokushu keibô ( bastón policial extensible), tonfa policial, etc..

Shintaikan dôjô 50 años de historia






El maestro Ramon Planellas precursor del Shintaikan dôjô.


SHINTAIKAN DÔJÔ
MÁS DE CINCUENTA AÑOS DE HISTORIA


Shintaikan dôjô es una institución dedicada a la promoción y difusión de las Artes Marciales Tradicionales Japonesas con una historia de más de 50 años. En los cuales una familia, la familia Planellas, ha realizado un esfuerzo para que esto fuera así.

El precursor de este dôjô es el maestro Ramon Planellas (Barcelona, 1921), ya en su familia había un interés por los sistemas de combate, concretamente su hermano Pau Planellas 14 años mayor que él, el cual se había dedicado al sistema de combate mayoritario de principios del siglo XX en occidente, el boxeo.

Ramon Planellas tuvo la oportunidad, al acompañar a su hermano mayor, de conocer la existencia del jujutsu japonés a partir de los comentarios que corrían entre los ambientes de lucha y del boxeo de esta época en Barcelona, Desde principios del siglo XX, el jujutsu japonés había calado en la opinión pública española. El maestro Ramon Planellas no tuvo demasiados resultados positivos, su juventud y la guerra civil española no le proporcionó la posibilidad de poder integrarse en profundidad en los centros de jujutsu que hasta el 1939 estuvieron en marcha en Barcelona. Su traslado a Francia el maestro Ramon Planellas puede conocer el método Kawashi de defensa personal, que a la postre es el jujutsu del maestro Kawashi, el cual había estudiado jujutsu en Dai Nippon Butokukai en Kyoto, aunque se desconoce el estilo de jujutsu que estudió, ciertas fuentes citan Kito ryu o alguna escuela emparentada con el Aiki jujutsu.

El Maestro Ramon Planellas, ya en Barcelona, practica en la década de los años 50 del siglo XX, Jiujitsu-Judo en clubes afiliados a la “Delegación Española de Yudo” de la Federación Española de Lucha. Cabe destacar que entre los diferentes instructores y profesores, pudo cursar algunos cursos con el maestro Henri Birbaum, que en el año 1950 inició las clases de judo y jujitsu en Barcelona, procedente de la “Ecole Militaire d’Escrime et de Sports de Combat d’Antibes “. El maestro Henri Birnbaum fue alumno directo de Mikonosuke Kawashi. En el año 1957 el maestro Ramon Planellas, después de bastantes experiencias en las artes marciales y con una experiencia óptima, toma conciencia que las artes marciales japonesas, el Budô, son un estilo de vida y se dedica a su práctica de forma privada, ya que el matiz que toma el judo, alejándose del jujutsu, a la postre de la defensa personal, le desagrada considerablemente. En el año 1962 inicia a su hijo Pau-Ramon, que ya cuenta con seis años de edad, con juegos y estrategias a diferentes conceptos del jujutsu, como Taisabaki, ukemi, desequilibrios, proyecciones, atemi, etc... Al cabo de un tiempo el maestro Ramon Planellas cree que su hijo tiene que poder trabajar con personas de su edad y lo introduce a la práctica de diferentes disciplinas, como Judô, Karate, Taijitsu, etc…

El maestro Hernaez con la familia Planellas


Esta realidad se convierte en el Shintaikan dôjô, una escuela tradicional de artes marciales japonesas, una escuela que tres generaciones de la misma familia han aportado parte de su tiempo para la promoción y fomento de las artes marciales.

Si la primera generación corresponde al maestro Ramon Planellas, la segunda generación están el maestro Pau-Ramon y el profesor Edmon Planellas. El maestro Pau-Ramon es más conocido en el ámbito de las artes marciales, y ostenta el titulo de honbucho del Shintaikan dôjô, a parte de su cargo como delegado del maestro Kai en España, shibucho de la escuela Seibukan, y sus responsabilidades en la disciplina de Taijitsu. Por lo cual es interesante descubrir a Edmon Planellas, que aparte de sus grados en Taijitsu, Jujutsu, Tanbojutsu; es un experto en nunchaku, tonfa policial y keriwaza.


Edmon Planellas especialista en keriwaza



La tercera generación, la encabeza el profesor Carles Lapuente Planellas, 4º dan de Taijitsu, 5º Dan de Tanbôjutsu, experto en técnicas de intervención policial, seguido de sus hermanos Alex y Christian. Y como últimas representantes de la tercera generación están Xènia y Ariadna Planellas, que aunque en edad infantil y juvenil ya pisan fuerte el tatami.

Como antes hemos citado un objetivo del dôjo Shintaikan es la promoción de las artes marciales y esto se traduce en la publicación de 9 libros y dos publicaciones privadas, sobre artes marciales e historia de Japón, docenas de artículos en diferentes revistas especializadas, mayoritariamente en la revista “El Budoka”, y colaboraciones en radios y en televisión.
Shintaikan dôjô ha enviado diferentes miembros a dôjô tradicionales del Japón, dos de ellos, el maestro Pau-Ramon y el profesor Carles Lapuente, practicaron en el Yoseikan dôjô del maestro Mochizuki Minoru; y otros cinco en el Seibukan dôjô el maestro Kai Kuniyuki. Centenares de alumnos y un considerable número de cinturones negros, incontables cursos (en España, Francia, Andorra, Cuba y Portugal), seminarios y demostraciones (en España, Francia y Japón) y delegaciones en Andalucía, Aragón, Asturias, Comunidad Valenciana, Murcia, Extremadura y Cataluña; y en Cuba y Andorra, no cierran la historia de este dôjô sino que es punto y seguido a una labor en beneficio de las Artes Marciales Tradicionales Japonesas.






El maestro Kai Kunyuki con el maestro Pau-Ramon
y sus dos hijas en el Seibukan dojo de Japón

jueves, 7 de mayo de 2009






MAKOTO 

El clima social comporta en occidente no proclamar públicamente la profundidad de las artes marciales tradicionales japonesas. Se habla mucho de la educación física y muy poco o casi nada de la educación espiritual. Falta comentar en profundidad las actitudes fundamentales del Budô y del espíritu de las artes marciales. Es primordial aceptar que las artes marciales japonesas son fruto de su cultura guerrera de los japoneses y sus artes de guerra. En las artes marciales japonesas hay dos conceptos principales. Uno, el aspecto físico donde encontramos el ejercicio, las técnicas, la estética, etc... Y paralelamente, ni más ni menos importante el aspecto filosófico. Ninguna de las dos opciones pueden ser suplidas por la otra, no pueden existir reglas de proporcionalidad inversa, sino que la constante ha de ser el equilibrio entre ambas vertientes de un mismo tronco. Si olvidamos o disminuimos (consciente o inconscientemente) una de las dos opciones perderemos la auténtica esencia de las artes marciales japonesas (no será el resultado de este error ni mejor ni peor que las artes marciales tradicionales, será sin duda otra actividad, otra disciplina). Por ejemplo cuando acentuamos el énfasis en el aspecto físico, sin duda, llegaremos tan solo a practicar un sistema de combate, más o menos efectivo, esta cuestión no se discute en este texto, lo dejaré para otra ocasión. Todo lo contrario, si profundizamos en el aspecto filosófico en detrimento del concepto físico, se convertirá el método que practiquemos en una actividad de un contenido exageradamente espiritual. El entrenamiento de las técnicas nos tiene que proporcionar la velocidad, la mecánica, la dinámica, la efectividad técnica, la agilidad, la potencia, el equilibrio y la estética. La teoría filosófica nos tiene que servir para conseguir el control, la tranquilidad del espíritu para afrontar las acciones, la benevolencia para olvidar la rigidez personal, etc... (Fudoshin, zanshin, junyanshin,…)

Para los samurai la sinceridad (Makoto) era de gran importancia, no en vano a partir del siglo XVII el bushidô se refería al Makoto como un principio esencial. Makoto se traduce generalmente por sinceridad, pero esta palabra comporta conceptos más amplios: comprende las ideas de la veracidad, de la honestidad y de la lealtad.

El makoto ha sido una de las cualidades esenciales de un samurai y ello implicaba el rechazo de fines egoístas y materiales, la pureza de intenciones aliadas a la delicadeza moral y ética. Sin ética ni moral no hay artes marciales tradicionales japonesas, o como en cierta ocasión me manifestó el maestro Mochizuki Minoru: “La esencia del budô le da a la práctica de las artes marciales tradicionales un significado de desarrollo físico, mental y moral”. “La naturaleza trascendental y duradera de la sinceridad es el principio y el fin de todas las cosas, sin ella no existiría nada”, nos dice Tsu-Tsu en su Doctrina de la Bajeza. Para el samurai la mentira o el equívoco eran considerados igualmente viles. La posición social del Bushi le obligaba a un grado de veracidad superior a la de un comerciante o a la de un campesino. La palabra de un samurai (bushi no ichi gon) era garantía suficiente de la veracidad de la afirmación. Si trasladamos esta filosofía de los guerreros tradicionales japoneses a nuestros días, los practicantes de Artes Marciales Tradicionales hemos de tener en cuenta que una de las características fundamentales de un maestro y por extensión de su escuela es el Makoto (sinceridad), sinceridad con sus alumnos, con sus propios maestros inculcando también esta sinceridad a sus alumnos tanto hacia ellos mismos como hacia sus compañeros. En el mismo “Hagakure” encontramos que ganar un combate a cualquier precio, haciendo trampas, es un error; en este supuesto el ganador se transforma en un individuo peor que el vencido, se le considera derrotado por la sinceridad y carente de elegancia, La mentira (Uso) se señalaba en el Bushido como sumamente deshonroso.

No se debe olvidar que el maestro tiene que ser sincero con sus alumnos, no esconderles sus propias limitaciones, no auto-otorgarse grados que nadie le ha concedido y no traicionar sus orígenes ni a sus propios maestros siendo sincero con su pasado (sensei no makoto). Igualmente el ayudante del maestro, no puede engañar a su maestro, enseñando técnicas que éste no le ha autorizado y a su vez tiene que ayudar sinceramente a los alumnos inferiores a pesar de que observe que le pueden sobrepasar (senpai no makoto). Los alumnos, a su vez, han de ser sinceros con su maestro, mostrando totalmente sus intenciones, con sus compañeros trabajando con toda la sinceridad que requiere cada momento, apara ayudarse mutuamente incluso con los ataques porque el aprendizaje necesita de ataques sinceros que no escondan dobles intenciones, cansancio o desgana……

Para acabar este texto quiero exponer las recomendaciones del maestro Kyuzo Mifune1. Este maestro explica en sus escritos que la práctica de las artes marciales en general, y el Judô en particular, se tiene que basar en la sinceridad.

MAKOTO NO GEIKO (Práctica sincera).

“Si vosotros sois sinceros en la instrucción de las artes marciales nunca estaréis distraídos, preocupados, orgullosos, apresurados o perezosos.”

“Cuando el practicante tiene un momento libre, este o no presente el profesor, sin precipitación pulirá su técnica.”

“Una hora de práctica realizada con sinceridad vale más que una semana de mal entrenamiento”.

“En las artes marciales si tenéis en cuenta los principios de la sinceridad (Makoto) vuestra técnica y vuestra personalidad irá mejorando”.


Pau-Ramon
Kancho sensei Shintaikan Dojo


1. KYUZO MIFUNE. Maestro de JUDO entre sus alumnos cabe destacar a MOCHIZUKI MINORU.