jueves, 1 de octubre de 2009

MOCHIZUKI MINORU, MAESTRO DE LA VIDA.

El maestro Mochizuki realinzando un
bloqueo contra un ataque con arma blanca1907-2003. Estas cifras para la inmensa mayoría de las personas no indicarán nada en especial. Para un grupo de budoka nos concretarán la vida de un maestro singular. Me refiero al maestro Mochizuki Minoru, que en ciertos círculos ha sido considerado como uno de los maestros más importantes del ámbito de las artes marciales japonesas. El maestro Mochizuki nació en la ciudad de Shizuoka en el año 1907. De muy niño su familia se trasladó a Tokyo, con la casualidad que la nueva casa a donde fueron a vivir era vecina de un dôjô de Judô. Gracias a esta circunstancia sus padres le inscribieron en dicho dôjô, dirigido por el maestro Takebe. Tras este maestro el joven Mochizuki tuvo una lista extraordinaria de maestros de artes marciales. Fue alumno del gran maestro Toku Sanbo de Kendô, del maestro Kyuzo Mifune, décimo dan de Judô y de Kano Jigoro, fundador del Judô Kodokan. También fue alumno del maestro Nakayama Hakudo, de Kendô e Iaido; del maestro Shimizu, de la escuela Shindô Muso ryu. Otro maestro que influyó mucho en el maestro Mochizuki, fue Ueshiba Morihei, fundador del Aikidô, aunque en esa época lo denominaba Daito ryu Aiki jujutsu. Finalmente es interesante citar al maestro Yazaemon Hayashi, de la escuela Katori shintô ryu, del cual fue alumno y los certificados que obtuvo de la escuela Gyo Kushin ryu, especializada en las técnicas de sutemi. Las experiencias del maestro Mochizuki en las artes marciales son elocuentes, pocos han tenido el privilegio de acceder a los conocimientos de estos maestros y escuelas.

El Maestro Mochizuki con el Maestro Pau-Ramon
en el año 1985

Pensando en la vida del maestro Mochizuki no puedo apartar de mi mente la semana santa del año 1985. En este periodo yo era un saco de nervios, tenía la suerte de formar parte de un grupo de practicantes de artes marciales organizado por el maestro Roland Hernaez. Este grupo estaba realizando un viaje al Japón, era mi primer viaje a este país. Después de estar unos días en Tokyo acabábamos de llegar a Shizuoka. Comparada con Tokyo Shizouka me pareció una ciudad muy tranquila y más acogedora, pero el turismo no era el objetivo de nuestra estancia en Shizuoka. Sino que era la visita al Dôjô Yoseikan del maestro Mochizuki, y esta era la razón de mis nervios. Había sentido hablar tanto de este maestro, que la acción de conocerlo me provocaba una cierta inquietud.

Esperaba un maestro lejano, pero encontré un maestro afable, totalmente entregado a enseñarnos algunas de las técnicas que había aprendido de sus maestros. En cada uno de sus gestos se intuía la transmisión técnica de los principales maestros del Budo del siglo XX.

Pero hoy no pienso tanto en las técnicas que nos demostró, aquellos días ni en las siguientes visitas que realicé al dôjô Yoseikan, sino que mi mente recuerda más sus palabras, entre las diferentes que aun retengo hay una frase que tengo siempre muy presente: “ Las artes marciales son una escuela de autocontrol, de respeto y de paciencia”. Aunque las técnicas que se conozcan sean muy efectivas si se carece del autocontrol, de la paciencia y del respeto, no se practica un arte marcial japonés.


Pau-Ramon

Publicado en la revista El Budoka
Prohibida la reprodución