jueves, 7 de mayo de 2009






MAKOTO 

El clima social comporta en occidente no proclamar públicamente la profundidad de las artes marciales tradicionales japonesas. Se habla mucho de la educación física y muy poco o casi nada de la educación espiritual. Falta comentar en profundidad las actitudes fundamentales del Budô y del espíritu de las artes marciales. Es primordial aceptar que las artes marciales japonesas son fruto de su cultura guerrera de los japoneses y sus artes de guerra. En las artes marciales japonesas hay dos conceptos principales. Uno, el aspecto físico donde encontramos el ejercicio, las técnicas, la estética, etc... Y paralelamente, ni más ni menos importante el aspecto filosófico. Ninguna de las dos opciones pueden ser suplidas por la otra, no pueden existir reglas de proporcionalidad inversa, sino que la constante ha de ser el equilibrio entre ambas vertientes de un mismo tronco. Si olvidamos o disminuimos (consciente o inconscientemente) una de las dos opciones perderemos la auténtica esencia de las artes marciales japonesas (no será el resultado de este error ni mejor ni peor que las artes marciales tradicionales, será sin duda otra actividad, otra disciplina). Por ejemplo cuando acentuamos el énfasis en el aspecto físico, sin duda, llegaremos tan solo a practicar un sistema de combate, más o menos efectivo, esta cuestión no se discute en este texto, lo dejaré para otra ocasión. Todo lo contrario, si profundizamos en el aspecto filosófico en detrimento del concepto físico, se convertirá el método que practiquemos en una actividad de un contenido exageradamente espiritual. El entrenamiento de las técnicas nos tiene que proporcionar la velocidad, la mecánica, la dinámica, la efectividad técnica, la agilidad, la potencia, el equilibrio y la estética. La teoría filosófica nos tiene que servir para conseguir el control, la tranquilidad del espíritu para afrontar las acciones, la benevolencia para olvidar la rigidez personal, etc... (Fudoshin, zanshin, junyanshin,…)

Para los samurai la sinceridad (Makoto) era de gran importancia, no en vano a partir del siglo XVII el bushidô se refería al Makoto como un principio esencial. Makoto se traduce generalmente por sinceridad, pero esta palabra comporta conceptos más amplios: comprende las ideas de la veracidad, de la honestidad y de la lealtad.

El makoto ha sido una de las cualidades esenciales de un samurai y ello implicaba el rechazo de fines egoístas y materiales, la pureza de intenciones aliadas a la delicadeza moral y ética. Sin ética ni moral no hay artes marciales tradicionales japonesas, o como en cierta ocasión me manifestó el maestro Mochizuki Minoru: “La esencia del budô le da a la práctica de las artes marciales tradicionales un significado de desarrollo físico, mental y moral”. “La naturaleza trascendental y duradera de la sinceridad es el principio y el fin de todas las cosas, sin ella no existiría nada”, nos dice Tsu-Tsu en su Doctrina de la Bajeza. Para el samurai la mentira o el equívoco eran considerados igualmente viles. La posición social del Bushi le obligaba a un grado de veracidad superior a la de un comerciante o a la de un campesino. La palabra de un samurai (bushi no ichi gon) era garantía suficiente de la veracidad de la afirmación. Si trasladamos esta filosofía de los guerreros tradicionales japoneses a nuestros días, los practicantes de Artes Marciales Tradicionales hemos de tener en cuenta que una de las características fundamentales de un maestro y por extensión de su escuela es el Makoto (sinceridad), sinceridad con sus alumnos, con sus propios maestros inculcando también esta sinceridad a sus alumnos tanto hacia ellos mismos como hacia sus compañeros. En el mismo “Hagakure” encontramos que ganar un combate a cualquier precio, haciendo trampas, es un error; en este supuesto el ganador se transforma en un individuo peor que el vencido, se le considera derrotado por la sinceridad y carente de elegancia, La mentira (Uso) se señalaba en el Bushido como sumamente deshonroso.

No se debe olvidar que el maestro tiene que ser sincero con sus alumnos, no esconderles sus propias limitaciones, no auto-otorgarse grados que nadie le ha concedido y no traicionar sus orígenes ni a sus propios maestros siendo sincero con su pasado (sensei no makoto). Igualmente el ayudante del maestro, no puede engañar a su maestro, enseñando técnicas que éste no le ha autorizado y a su vez tiene que ayudar sinceramente a los alumnos inferiores a pesar de que observe que le pueden sobrepasar (senpai no makoto). Los alumnos, a su vez, han de ser sinceros con su maestro, mostrando totalmente sus intenciones, con sus compañeros trabajando con toda la sinceridad que requiere cada momento, apara ayudarse mutuamente incluso con los ataques porque el aprendizaje necesita de ataques sinceros que no escondan dobles intenciones, cansancio o desgana……

Para acabar este texto quiero exponer las recomendaciones del maestro Kyuzo Mifune1. Este maestro explica en sus escritos que la práctica de las artes marciales en general, y el Judô en particular, se tiene que basar en la sinceridad.

MAKOTO NO GEIKO (Práctica sincera).

“Si vosotros sois sinceros en la instrucción de las artes marciales nunca estaréis distraídos, preocupados, orgullosos, apresurados o perezosos.”

“Cuando el practicante tiene un momento libre, este o no presente el profesor, sin precipitación pulirá su técnica.”

“Una hora de práctica realizada con sinceridad vale más que una semana de mal entrenamiento”.

“En las artes marciales si tenéis en cuenta los principios de la sinceridad (Makoto) vuestra técnica y vuestra personalidad irá mejorando”.


Pau-Ramon
Kancho sensei Shintaikan Dojo


1. KYUZO MIFUNE. Maestro de JUDO entre sus alumnos cabe destacar a MOCHIZUKI MINORU.